"...yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema."
Leopoldo María Panero, "Dedicatoria"
He aquí, por si acaso
por si algún día enloquezco
me deshumanizo, me pierdo
y decido dejar de escribir
dejar de crear
magia de la nada
y ser la mano que meza
las dunas de mi pasión y la tuya
mi epitafio:
muerte al que prostituye
al lápiz y al papel
para hacer dinero,
muerte al cantante que compra
letras como si fueran productos
que ni siquiera ellos
pueden embellecer,
muerte al que vende
superficiales letras
historias de mierda
al peor postor
con traje y corbata
y ciega alma,
muerte al que vive en el ego
en el amor
y el odio propios
y de ello desencadena su suerte,
muerte al que se cree feliz
y libre cuando no se mueve
para sentir sus cadenas,
muerte al que mata a la esperanza
a la rosa revolucionaria
la tira al río que mecerá su cadáver
y mancha sus manos con sangre,
y vida al pueblo
que lucha
gime y aulla,
vida a los desesperados
sin nada ni nadie
a lo que o quién acudir,
vida a los ojos de la mujer
que en la oscuridad del bar
me ignoran ensimismados en su esquina
su taburete, sobre la barra, reposada,
vida a los muertos por las injusticias
de la máquina trilladora
asesina y terrorista
que los supera,
y vida a los poetas
como Max Estrella
que se sienten pueblo y en la noche
baten sus alas y
hacen surgir sus pasiones
sus recuerdos, su desnudez
en los bares más recónditos
y enloquecidos
de esta valleinclanesca
patética y sublime urbe
que es la ciudad madrileña.