Da igual que sea feliz.
El pájaro sigue cayendo
y su grito seguirá cortando el cielo,
Ternura sigue en paradero desconocido
y nadie se esfuerza por encontrarla,
Saber sigue siendo escupida
y señalados son los que sus ojos abren,
los justos sufren la injusticia de los ajusticiables
y nadie hace nada por miedo a justificarse.
El café sigue siendo amargo,
negro y vomitivo,
pues me lo sirvo todos los días,
todas las mañanas
que son felices a medias,
acompañado de un azúcar
pésimo y desesperado.
Nada a cambiado, excepto yo.
Largas notas al pie a un epitafio
viernes, 1 de agosto de 2014
sábado, 5 de julio de 2014
Reloj
Busco a alguien
que cure mis heridas
de sufrirte.
Busco a alguien
que oculte mis líneas tristes
con su boca y las sustituya
por una sonrisa humilde.
Da igual que sea bella u horrenda
la sonrisa que consigas
mientras sea sincera.
Busco el calor de un cuerpo real
mientras en la habitación
suena el silencio.
Nadie sabe
cual es el sonido del silencio,
excepto los miserables como yo.
El reloj sigue sonando
seco en cada avance
en todas las habitaciones
que piso sin quererlo
sin poder encontrarte.
Un tictac que me arrastra
a continuar sin nadie,
un tictac que juega a doler
en cada paso en la calle.
Y aún no he sabido de nadie
que haya podido sellar mis heridas,
y aún no he sabido de nadie
que haya podido acallar el reloj.
que cure mis heridas
de sufrirte.
Busco a alguien
que oculte mis líneas tristes
con su boca y las sustituya
por una sonrisa humilde.
Da igual que sea bella u horrenda
la sonrisa que consigas
mientras sea sincera.
Busco el calor de un cuerpo real
mientras en la habitación
suena el silencio.
Nadie sabe
cual es el sonido del silencio,
excepto los miserables como yo.
El reloj sigue sonando
seco en cada avance
en todas las habitaciones
que piso sin quererlo
sin poder encontrarte.
Un tictac que me arrastra
a continuar sin nadie,
un tictac que juega a doler
en cada paso en la calle.
Y aún no he sabido de nadie
que haya podido sellar mis heridas,
y aún no he sabido de nadie
que haya podido acallar el reloj.
lunes, 30 de junio de 2014
Epitafio
"...yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema."
Leopoldo María Panero, "Dedicatoria"
He aquí, por si acaso
por si algún día enloquezco
me deshumanizo, me pierdo
y decido dejar de escribir
dejar de crear
magia de la nada
y ser la mano que meza
las dunas de mi pasión y la tuya
mi epitafio:
muerte al que prostituye
al lápiz y al papel
para hacer dinero,
muerte al cantante que compra
letras como si fueran productos
que ni siquiera ellos
pueden embellecer,
muerte al que vende
superficiales letras
historias de mierda
al peor postor
con traje y corbata
y ciega alma,
muerte al que vive en el ego
en el amor
y el odio propios
y de ello desencadena su suerte,
muerte al que se cree feliz
y libre cuando no se mueve
para sentir sus cadenas,
muerte al que mata a la esperanza
a la rosa revolucionaria
la tira al río que mecerá su cadáver
y mancha sus manos con sangre,
y vida al pueblo
que lucha
gime y aulla,
vida a los desesperados
sin nada ni nadie
a lo que o quién acudir,
vida a los ojos de la mujer
que en la oscuridad del bar
me ignoran ensimismados en su esquina
su taburete, sobre la barra, reposada,
vida a los muertos por las injusticias
de la máquina trilladora
asesina y terrorista
que los supera,
y vida a los poetas
como Max Estrella
que se sienten pueblo y en la noche
baten sus alas y
hacen surgir sus pasiones
sus recuerdos, su desnudez
en los bares más recónditos
y enloquecidos
de esta valleinclanesca
patética y sublime urbe
que es la ciudad madrileña.
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema."
Leopoldo María Panero, "Dedicatoria"
He aquí, por si acaso
por si algún día enloquezco
me deshumanizo, me pierdo
y decido dejar de escribir
dejar de crear
magia de la nada
y ser la mano que meza
las dunas de mi pasión y la tuya
mi epitafio:
muerte al que prostituye
al lápiz y al papel
para hacer dinero,
muerte al cantante que compra
letras como si fueran productos
que ni siquiera ellos
pueden embellecer,
muerte al que vende
superficiales letras
historias de mierda
al peor postor
con traje y corbata
y ciega alma,
muerte al que vive en el ego
en el amor
y el odio propios
y de ello desencadena su suerte,
muerte al que se cree feliz
y libre cuando no se mueve
para sentir sus cadenas,
muerte al que mata a la esperanza
a la rosa revolucionaria
la tira al río que mecerá su cadáver
y mancha sus manos con sangre,
y vida al pueblo
que lucha
gime y aulla,
vida a los desesperados
sin nada ni nadie
a lo que o quién acudir,
vida a los ojos de la mujer
que en la oscuridad del bar
me ignoran ensimismados en su esquina
su taburete, sobre la barra, reposada,
vida a los muertos por las injusticias
de la máquina trilladora
asesina y terrorista
que los supera,
y vida a los poetas
como Max Estrella
que se sienten pueblo y en la noche
baten sus alas y
hacen surgir sus pasiones
sus recuerdos, su desnudez
en los bares más recónditos
y enloquecidos
de esta valleinclanesca
patética y sublime urbe
que es la ciudad madrileña.
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